El Flamenco es declarado patrimonio intangible de la humanidad, ¡y olé!





Nacido de la voz de los humildes, de los barrios más pobres, del sentimiento popular, el flamenco se ha hecho adulto y ya no conoce fronteras.

La UNESCO acordó el martes declarar esta genuina manifestación cultural española patrimonio intangible de la humanidad. Un gran honor, aunque no implique subvenciones económicas. Sirva como ejemplo la repercusión vivida por el tango argentino, revestido hace dos años con el mismo honor.

En España, la noticia corrió como la pólvora, llenando páginas en diarios digitales y ocupando la programación de radios y televisiones. Era la segunda tentativa del flamenco, cuya candidatura a esta lista fue rechazada en 2005.

En Madrid, en los conocidos como “Tablaos flamencos”, no era un día cualquiera. En estos locales relativamente modernos, el público acude a cenar mientras degusta un espectáculo de danza, cante y guitarra. Un éxito seguro, gracias al turismo que inunda las salas.

Pero no siempre fue así.

Los orígenes del flamenco se confunden en el tiempo. La historia coincide en sus raíces árabes, fruto de los ocho siglos de presencia musulmana en España, y la importancia del pueblo gitano en su popularización masiva.

Todo parece indicar que las primeras manifestaciones puramente flamencas nacieron a mediados del siglo XVIII en el sur de España. Era la música de los más humildes. El cante y el baile de los más pobres. Un mestizaje de la canción popular española de la época pasada por el tamiz árabe. Estructuras musicales diversas y unas letras breves y sencillas.

“El flamenco nace del pueblo, porque en los pueblos los que más sufrían eran los que más cantaban“, dijo a la AP el flamencólogo Francisco José Paredes. “Se canta para exteriorizar sentimientos, la pena, la tragedia, la alegría, el júbilo, por eso creo es algo tan arraigado, tan popular en España”.

Paredes es un apasionado de lo que en España se conoce como arte “jondo”. Trabaja en la comisión del Festival Internacional de La Unión, uno de los certámenes de flamenco más importantes del mundo, que el pasado agosto cumplió 50 años.

“El flamenco canta alegrías, penas. Canta esa religiosidad popular española. El flamenco es el cante de los mineros camino de la mina, el de una madre cantando a su bebé”, añadió. “Todo eso es el flamenco”.

José Manuel Gamboa es otro de los grandes estudiosos del flamenco. Ha escrito una veintena de libros sobre la materia y actualmente prepara uno sobre la importancia de este arte en Nueva York.

“El flamenco actual es relativamente moderno“, explicó Gamboa a la AP. “En realidad nació primero como una danza, a la que luego se sumó la voz y, posteriormente, se limitó el acompañamiento musical a la guitarra y las palmas”.

“La grandeza del flamenco es que es un arte que ha sabido recoger las influencias de todos los rincones de nuestra propia cultura (la española) y recrearlo con un lenguaje más potente y más nuevo”, agregó.

Según Gamboa, fue a finales del siglo XIX y principios del XX cuando el flamenco comenzó a convertirse en un fenómeno de masas. Los gitanos españoles habían adoptado aquel arte como algo propio y fueron los primeros en exportarlo al escenario y ofrecerlo al público.

Considerado un baile de las clases bajas en España, el flamenco encontró el cauce del éxito en la vecina Francia y más concretamente en París, faro cultural de la época. Aunque el flamenco nunca fue exclusivo del pueblo gitano en España, fueron ellos los que hicieron famosa aquella forma tan particular de bailar y cantar.

El éxito en el exterior abrió en España las puertas del flamenco, que hasta entonces permanecían cerradas. Viajó a Madrid y a Cataluña, acompañado por la numerosa emigración andaluza.

Después de la penosa guerra civil (1936-1939) y con la dictadura de Francisco Franco languideciendo, comenzó la época dorada de este arte y su fulgurante expansión por el mundo, colonizando países tan diversos como Japón, Estados Unidos, Francia y, por supuesto, Latinoamérica.

Surgieron exponentes imprescindibles e históricos para el flamenco. “Cantaores” como el ya fallecido Camarón de la Isla o guitarristas como Paco de Lucía, famosos en todo el mundo. Los bailaores no se quedaron atrás y hoy en día nombres como el de Joaquín Cortés o Sara Baras llenan teatros en casi todo el planeta.

Ellos popularizaron las canciones y la danza que habían aprendido de sus abuelos y sus padres y, además, innovaron. Los poemas de Federico García Lorca o Antonio Machado se transformaron en flamenco. Y, aunque sigue existiendo una raíz pura, esta música y su danza tan característica han barnizado toda la cultura española. Existe el flamenco-pop, el flamenco-rock, el flamenco-jazz y esa rumba aflamencada que dio la vuelta al mundo en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 con el inolvidable “Amigos para siempre” del grupo Los Manolos.

“Creo que lo atrae del flamenco en el extranjero es que es la cultura de un pueblo, del español”, aseguró Paredes. “Cuando algo está hecho con sentimiento siempre triunfa”.

“El flamenco … tiene una particularidad sonora diferencial al resto de las músicas del mundo“, añadió Gamboa. “Y unos artistas de primerísima categoría”.

La cocina mexicana y francesa también son patrimonios

Un comité de la Unesco reunido en Nairobi, por primera vez inscribió también la gastronomía, con la elección de la comida mexicana, la francesa y la dieta mediterránea. Ésta última propuesta en candidatura conjunta de España, Grecia, Italia y Marruecos.

La gastronomía francesa está enmarcada en una “práctica social destinada a celebrar los momentos más importantes de la vida de los individuos y de los grupos”.

Igualmente, la cocina tradicional mexicana, a base de maíz, frijoles y chile, es “un modelo cultural completo que comprende actividades agrarias, prácticas rituales, conocimientos prácticos antiguos, técnicas culinarias y costumbres y modos de comportamiento comunitarios ancestrales”, dice la UNESCO, que recalca un arte culinario “muy elaborado” y “cargado de símbolos”.

La dieta mediterránea, a base de aceite de oliva, cereales, frutas y verduras, y una proporción moderada de carne, pescado y productos lácteos, también pasa a ingresar la lista de patrimonio cultural inmaterial.

Ésta “no comprende solamente la alimentación, ya que es un elemento cultural que propicia la interacción social“, dijo la UNESCO en una nota.

Además del flamenco, en el apartado musical la Lista Representativa del Patrimonio Cultural de lo Inmaterial se enriquece también con otras dos propuestas mexicanas, el canto tradicional purépecha la Pirekuade, de la que resalta “la diversidad de sus estilos”, y los Parachicos en la fiesta de enero de Chiapa de Corzo, la tradicional celebración que tiene lugar en esta localidad mexicana cada año del 4 al 23 de enero.

Dos bailes tradicionales peruanos, la danza de las tijeras y la huaconada, así como la marimba de Colombia, también pasan a ser patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Entre las 46 candidaturas examinadas y aprobadas el martes por el Comité también se encuentran otras dos iniciativas españolas, que son las torres humanas típicas catalanas, los “castells”, cuya técnica de formación “se viene transmitiendo tradicionalmente de generación en generación dentro de grupos”, y el canto de la Sibila que se interpreta la noche del 24 de diciembre en todas las iglesias de la isla balear de Mallorca.

El comité, reunido hasta el 19 en Nairobi, todavía debe examinar una última candidatura.

La “lista del patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad” fue instituida por una Convención firmada en 2003, ratificada hasta ahora por 132 países, y cuyo objetivo es proteger culturas y tradiciones populares, de la misma manera que lugares y monumentos.

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