23 de marzo de 2016

El ‘home run’ de Obama a Raúl Castro

LA HABANA (apro).- Debido a que el gobierno cubano sólo entregó boletos de entrada al Estadio Latinoamericano de La Habana a personas afines al Partido Comunista Cubano (PCC) y no instaló la pantalla gigante en el Parque Central –como lo anunció–, la única opción de muchos habaneros para ver el “partido histórico” de beisbol entre los Rays de Tampa Bay y la selección nacional fue asomarse en las terrazas de los restaurantes para alcanzar a ver la televisión.

En menos de dos horas, los profesionales de las Grandes Ligas (MLB, por sus siglas en inglés) estuvieron a punto de propinar “lechada” a la selección cubana. Pero el home run de Rudy Reyes en la novena entrada aseguró un punto a su equipo y dejó el marcador 4-1 en favor de los Rays.

La “lechada” en Cuba significa la pintura de cal, pero en el argot del “juego de pelota” se aplica cuando el equipo “pinta su adversario de blanco”, es decir, cuando le gana sin que éste concluya una sola carrera.

Desde las gradas, los presidentes de Estados Unidos, Barack Obama y de Cuba, Raúl Castro, observaron parte del juego sentados uno al lado del otro, sonriendo de manera ostentosa para marcar el símbolo: era la primera visita de un equipo de la MLB a Cuba desde 1999. Además, fue el colofón de la primera visita de un presidente de Estados Unidos a la isla en 88 años.

Previo al partido, el mandatario estadunidense aseveró que el partido permitiría “construir puentes” entre ambas naciones.

“Los aficionados no están ahí”

Apoyado en la barandilla del café Monserrate, ubicado a un costado del Parque Central de La Habana, William Fernández, trabajador del Estado y aficionado de la “pelota”, observó al público del estadio echar porras a Castro a través del televisor.

“Ahí es de pura invitación, están los estudiantes, los militares o la gente de la política, pero los aficionados no están”, lamentó. Incluso, lanzó la bola más lejos: “A Raúl ni le gusta la pelota, nunca va al estadio. En cambio Fidel sí sabía, era pitcher”.

En un país donde el beisbol se enseña en la escuela y se juega en la calle –no es raro observar a niños pegarle a pelotas de hule con palos de madera en los estrechos callejones de La Habana–, el partido que generó muchas expectativas no se proyectó en ningún lugar público.

William Fernández dijo conocer a todos los jugadores, pero su atención se enfocó sobre los habaneros que suelen vestir la playera de los Industriales, el equipo capitalino.

Antes de la visita de los Rays, el gobierno cubano renovó por completo el Estadio Latinoamericano, sede de los Industriales: desde la pintura azul de las gradas hasta el pasto y la iluminación. Por eso, Fernández mostró su temor porque tales obras podrían elevar los precios de los boletos para el próximo campeonato.

En lugar de anuncios comerciales, TV Rebelde, el canal de deportes de la televisión cubana, difundió imágenes de archivo de las glorias del beisbol cubano como Pedro Luis Lazo, el teniente del récord de victorias en serie nacional, con 257 triunfos; además de imágenes de Fidel Castro, el líder de la Revolución Cubana.

Los interludios en el partido permitieron ampliar la plática más allá del deporte.

“La visita de Obama estuvo bien. Ahora ojalá haya más apertura. ¿Viste el discurso de ayer? Raúl dijo que no había presos políticos ni represión. Sí los hay, no hay países donde todos estén de acuerdo con el gobierno”, señaló Fernández, quien labora en un almacén de materiales escolares del Ministerio de Educación y tiene un salario de 300 pesos cubanos mensuales, equivalentes a menos de 15 dólares.

Pasadas las 2 de la tarde, Obama salió del recinto deportivo bajo los relámpagos de los flashes. Castro lo acompañó para así concluir la visita “histórica” del estadunidense a la isla y continuar su gira internacional hacia Argentina.

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