17 de marzo de 2016

Alejandro Morales, Vicepresidente de la cadena Hotelera BH habló sobre el sector hotelero en presentación del BH Barranquilla

Alejandro Morales Vicepresidente Ejecutivo de GMH

En la presentación en Bogotá del nuevo hotel de la marca bh Barranquilla, la cadena operadora de hoteles, Germán Morales e Hijos, GMH, hizo un análisis del sector. Para el caso de Bogotá, alertó por las dificultades que se experimentan en construcción por la carencia de suelos y que finalmente pondrá en riesgo el plan de expansión hotelera en la capital.

El Vicepresidente Ejecutivo de GMH, Alejandro Morales, dijo que la situación no hay que desestimarla porque ya hay efectos en el valor de los proyectos como consecuencia de la falta de predios disponibles para elevar nuevas construcciones, situación apremiante para inversionistas hoteleros y operadores.

Según los estudios revelados por el reconocido empresario, hace diez años la incidencia de la tierra en los proyectos hoteleros para el caso de Bogotá pesaba el 15 por ciento, pero hoy con la escasez de suelo ese impacto pasó a niveles que se mueven entre el 35 y el 40 por ciento, encareciendo las nuevas ofertas hoteleras.

“La falta de suelo aprovechable tiene amenazado el plan de expansión de la hotelería, básicamente en Bogotá y en otras urbes como Bucaramanga que disparó los índices de construcción agotando los predios edificables”, comentó el Vicepresidente Ejecutivo de GMH.
Aseveró que para el capítulo Bogotá, se pasa por un duro momento, por el de las vacas flacas, pero aclaró que hay otros cascos urbanos en dónde la situación es normal permitiendo vislumbrar crecimiento como es el caso puntual de Medellín.

Destacó la situación de Barraquilla, cuyo crecimiento y desarrollo impulsa la industria hotelera, razón por la cual la compañía desarrolló bh Barranquilla, junto con las firmas De&De y GCA S.A. Con bh Barranquilla, ubicado en el Alto Prado, la ciudad aumenta en 64 el número de habitaciones.

La industria no aguanta tanto impuesto

Sobre el escenario tributario que se plantea en el país, Alejandro Morales, instó al gobierno a morigerar la carga impositiva para las empresas las cuales están reventadas y en precarias condiciones, dejándolas muy expuestas al cierre o al cambio de actividad.

En su análisis, no se compadece, con el entorno perentorio de competitividad, que las empresas como un todo tenga cargas tributarias que superan el 70 por ciento sin contar otros rubros como salarios, servicios públicos y salarios entre otros.

Fue muy claro al indicar que si el ejecutivo no replantea el régimen tributario para las empresas, incluida la hotelería, la recuperación económica no será viable porque muchas factorías prefieren adelgazarse, no evolucionar, frenar compras de innovación y tecnología o lo que es peor dar el paso hacia la informalidad en dónde no hay controles, ni impuesto de renta, ni tarifas supremamente elevadas que semejan más un castigo que un estímulo.

Dijo que para colmo de males, este año terminan las exenciones tributarias para el sector hotelero lo que quiere decir que se apaga un motor que fue el que impulso esta actividad e incentivó las nuevas ofertas hoteleras en todo el país. Recalcó que el contexto no es el mejor ni para promotores ni para los operadores hoteleros que deben esperar nuevos anuncios, ojalá en beneficio de las empresas que necesitan un bajonazo en la carga tributaria para entrar por la senda de la competitividad, el crecimiento y una mayor generación de empleo.

“Si al sector empresarial no le modifican la carga tributaria, no habrá cambios en el comportamiento económico del país y seguiremos con indicadores lánguidos y con una economía frenada”, apuntó Morales.

Al referirse a los últimos cambios en la política tributaria no ahorró críticas para la última reforma la cual le puso palos en la rueda al crecimiento y a la dinámica empresarial porque cambió los pagos parafiscales que financiaban el SENA y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF, por el indeseado impuesto sobre la renta para la equidad, CREE, que resultó mucho más oneroso y complejo que los pagos que se venían haciendo para darle sostenibilidad a esas importantes entidades. La realidad de la economía, la desaceleración y el alto costo de ser empresario fueron la consecuencia de una política tributaria que apagó empresas o desestimuló a muchas.

La informalidad, otro dolor de cabeza

Otro problema, para nada de poca monta, es el de la hotelería informal que resulta toda una afrenta y una amenaza adicional para los hoteles legalmente constituidos.

Dijo que es urgente hacerle seguimiento a muchos sitios que ofrecen servicios hoteleros o de hospedaje y en donde se evaden obligaciones tributarias, fiscales y contractuales sin que nada ocurra en materia de aplicación de la ley o el ejercicio de la autoridad. Alegó el empresario que ahora cualquier casa o apartamento se alquila o se vende como servicio hotelero, haciendo parte de una competencia desleal que impacta a la hotelería formal.

“A eso yo le llamo los sanandresitos de la hotelería porque son sitios normales que operan como hoteles, cobran como los mismos, pero no pagan IVA, ni ningún impuesto, ahí entran fincas, apartamentos y casas”, denunció.

Sostuvo que en un sitio en Bogotá una persona renta su apartamento por 75 dólares diarios más 15 dólares por concepto de aseo y otros servicios, es decir se gana más de 105 dólares sin pagarle un peso al estado, pero eso sí perjudicando la actividad legal de los hoteleros.

Una devaluación desaprovechada

Con la devaluación y el respectivo encarecimiento del dólar, los analistas económicos vaticinaron que con una divisa fortalecida se aplazarían muchas compras, importaciones y viajes al exterior, aspecto positivo para el mercado interno que vería potenciados algunos sectores como el de la hotelería que se haría más atractiva para propios y extraños toda vez que resultaba más económico pasar vacaciones en Colombia que en el extranjero.

Morales afirmó que esta situación no fue tan favorable y dijo con visible molestia que tristemente los hoteleros no aprovecharon la coyuntura de un dólar fuerte salvo las grandes cadenas hoteleras de cinco estrellas que sostuvieron sus tarifas en divisa obteniendo inmejorables resultados en su ejercicio económico.
Aclaró que si bien aumentó el flujo de turistas del extranjero e inclusive del mercado interno, algunos hoteles equivocaron la estrategia y caso opuesto perdieron plata por hacer rebajas indebidas.

“Fuimos tan estúpidos que en lugar de aprovechar la devaluación bajamos las tarifas en pesos, diferente a la hotelería de cinco estrellas que mantuvo sus tarifas en dólares”, sostuvo.

Actualmente el grupo GMH tiene 12 operaciones en Colombia con las marcas bh, bs, be y EK, nueve de ellas en Bogotá, una en Medellín, una en Santa Marta y otra en Barranquilla, motivo de esta reunión con el lanzamiento del hotel bh en la capital del Atlántico.

Morales afirmó que el éxito de la cadena es apelar a un crecimiento muy estudiado en dónde se buscan los mejores sitios para la construcción, ítem o diferencial muy determinante en el negocio hotelero.

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