12 de mayo de 2017

Cosmik, el helado liofilizado que no se derrite

Madrid_ Una nueva tentación para golosos: es Cosmik, el “helado gastronauta”, como lo denominó su inventor, Robert Collignon. Un californiano venido del mundo de la publicidad que, tras 12 años como ejecutivo en una agencia de Manhattan, decidió cambiar de vida, trasladarse a una furgoneta Volkswagen de 1987 y embarcarse en una dulce aventura. En sus miles de kilómetros de carretera, de México a Canadá, descubrió que los helados se derretían.

El producto por el que Collignon pasará a la historia de la repostería tiene forma de tableta, libre de colorantes artificiales. Su textura y su sabor son los mismos que las de un clásico helado prémium, denso y cremoso. Pero jamás se derretirá, porque el helado -que él mismo fabrica en Brooklyn siguiendo una receta artesanal- está sometido a un proceso de liofilización, que consiste en introducirlo en una cámara al vacío para extraer por completo el agua; después se congela y se corta en porciones.

Listo para comer en cualquier parte; de ahí la coletilla de “el helado gastronauta”. El sueño de Collignon es que Cosmik llegue al espacio y sea el postre de la tripulación de alguna nave de la NASA -de hecho, a bordo del Apollo 7 ya se intentó servir un helado deshidratado en barrita, pero una versión mucho menos lograda que Cosmik: se cuenta que a los astronautas no les gustó demasiado-.

De momento, es posible adquirirlo en algunas tiendas de Brooklyn y través de su página web... y tomarlo en la Tierra, por 6 euros (US$7) la tableta (más envío). Se ofrece en cuatro variedades, sin saborizantes añadidos: menta y trocitos de chocolate, mantequilla de cacahuete con trocitos de chocolate, nata con galletas y chocolate mexicano. Pronto llegarán más sabores.

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