Un nicho sostiene el cine VIP en una Venezuela en crisis
Mientras un tercio de los hogares vive en pobreza extrema, dos salas de cine en Caracas cobran hasta cien dólares por una experiencia de lujo, reflejando una economía segmentada donde una minoría mantiene el consumo
El silencio cuesta dinero.
En el Centro Comercial Parque Cerro Verde, una pareja puede entrar a una sala de cine sin cargar bolsas, sin hacer fila por cotufas y sin levantarse de una butaca de cuero para pedir una copa de vino. La noche —dos entradas, comida y una bebida— puede rozar los 100 dólares.
A pocos kilómetros de allí, 31,7% de los hogares venezolanos no tiene ingresos suficientes para cubrir la canasta alimentaria.
Entre ambas escenas hay un modelo de país, uno donde el consumo de lujo encuentra clientes, incluso mientras la mayoría calcula qué puede sacrificar antes de llegar al final del mes.
Cinex VIP, en Parque Cerro Verde, y CinepicVery V.I.P., en el Centro Lido, no son anomalías aisladas. Tampoco simples extravagancias. Ambos son negocios construidos para una franja reducida, dolarizada y estable de consumidores que puede convertir una salida al cine en un gasto equivalente a una porción relevante de un salario mensual promedio.
La pregunta no es por qué existen. La pregunta es qué dicen sobre una economía donde una salida al cine puede costar, para dos personas, lo mismo que la comida de varias semanas para otros hogares.


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